De repente visualice una puerta que me resultaba familiar y naturalmente, entre.
El me esperaba en penumbras, con su tez palida y sus arapos negros.

"Bienvenido a mi reino Fabián, hacía tiempo que no venias por aquí", dijo. "No tuve la oportunidad", repliqué.
Me ofreció sueños o pesadillas, rara vez me daba a elegir. "Hoy no, quiero charlar contigo", demande. "Bien, ven por aquí", aceptó.
El tiempo pasaba mientras bebiamos té y le preguntaba acerca de su reinado y de sus hermanos; de repente un cuervo parlante se instalo en su hombro y comenzó a relatar un suceso. "Debo acudir, dejemos el resto para otro día", explico Morfeo y contesté "De acuerdo, atiende tus asuntos, nos volveremos a ver".
Luego de terminar el té comencé a caminar por un bello jardín y me introduje en un laberinto. Caminaba más y más, los minutos se hicieron horas y cada vez que volteaba, el laberinto perdía su forma y se visualizaba un camino en línea recta.
Llegué al final y desemboqué en otro jardín, tan bello y bien cuidado como el de Morfeo. Tres estatuas se imponían en el, imagenes que ya había visto en el interior de una caja negra de metal.

"Bienvenido", dijo una voz a mis espaldas; "Soy Destino, deseas algo", preguntó.
Le pedí que me mostrara si mi destino era el que pensaba, si ella era la adecuada.
Sonrió al mismo tiempó que abría el libro que llevaba encadenado a su muñeca derecha.
"Tu destino cambiará en unas semanas, no puedo decirte nada mas que esto: ten en cuenta estas iniciales, MPA y esta imagen; con ella pasaras el resto de tus días"

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